La violencia simbólica que ejercen los medios de comunicación al difundir violaciones a derechos humanos en contra de personas LGBTIQ+

Tania González Kazén[1]

Los medios de comunicación tienen la importante labor de difundir hechos de interés público, como son las violaciones a derechos humanos, las cuales tienen un impacto colectivo en el tejido social. Si bien, es cierto que dicha labor se encuentra protegida por el derecho a la libertad de expresión y de información, al mismo tiempo tienen la responsabilidad de respetar los derechos de las personas involucradas en las noticias que difunden. Así como garantizar que sus contenidos no reproduzcan el odio o prejuicios en contra de determinados grupos, especialmente si han sido históricamente discriminados.[2]

A pesar de dicha responsabilidad, en ocasiones los medios de comunicación ejercen violencia simbólica por medio de sus contenidos y vulneran la dignidad de las víctimas, como sucede con personas LGBTIQ+ que experimentan crímenes de odio. En ese sentido, en el presente artículo identificaré brevemente (I) en qué consiste la violencia simbólica y su impacto colectivo e individual, así como (II) las medidas que pueden implementarse para erradicarla.

  • I La violencia simbólica y su impacto colectivo e individual

La violencia simbólica se ejerce por medio de un poder simbólicoque tienen aquellas instituciones que gozan de legitimidad o de un alcance privilegiado en la sociedad, como son los medios de comunicación. Algo que caracteriza a esta violencia es que impone determinadas visiones del mundo sin necesidad de utilizar la fuerza física, por lo que a menudo suele denominarse como una violencia silenciosa o invisible. Esta se ejerce por medio de formas simbólicas, como el lenguaje, los discursos, las fotografías, entre otras.[3]

Cuando se trata de noticias relacionadas con crímenes de odio en contra de personas LGBTIQ+, los medios de comunicación y periodistas suelen ejercer este tipo de violencia por medio de un lenguaje sensacionalista, que invisibiliza la orientación sexual o identidad de género de las personas LGBTIQ+. Por ejemplo, al referirse a mujeres trans víctimas de transfeminicidio como “hombres vestidos de mujer”, o al utilizar pronombres que no corresponden con la identidad de género de personas trans y no binaries víctimas de un delito. Asimismo, también son comunes las bromas o expresiones homofóbicas, bifóbicas y transfóbicas sobre sus existencias.[4]

Por otra parte, los medios suelen utilizar discursos revictimizantes. Por ejemplo, ante el asesinato violento de personas LGBTIQ+, responsabilizan a las víctimas por su muerte con base en datos sobre su vida privada, en lugar de brindar información sobre los contextos de violencia o discriminación que vivieron; o denominan los asesinatos como “crímenes pasionales”, término que busca atribuir la responsabilidad a tensiones emocionales entre parejas del mismo sexo, en lugar de visibilizar la violencia sistemática que enfrentan en la sociedad.[5] Por último, también suelen utilizar fotografías gráficas, explícitas e innecesarias sobre los cuerpos lastimados y sin vida de las víctimas, que alientan el morbo y sensacionalismo.

Dicha violencia simbólica genera impactos colectivos relevantes, pues promueve en la sociedad reglas, costumbres y comportamientos que reproducen la discriminación, odio y violencia en contra de las personas LGBTIQ+.[6] Por otra parte, genera afectaciones individuales en diversos derechos humanos, como pueden ser: la reputación, por distorsionar la imagen pública de las víctimas; la vida privada e intimidad, por la difusión arbitraria e innecesaria de datos personales; la identidad de género, por utilizar pronombres que no coinciden con la identidad de las personas; la propia imagen, por la publicación innecesaria y sin ética de fotografías explícitas;y la integridad personal de familiares, pues la publicación de tales contenidos genera un sufrimiento y dolor adicional a las propias violaciones a derechos humanos.

  • II Conclusión: hacia la eliminación de la violencia simbólica

Para eliminar la violencia simbólica que ejercen los medios de comunicación, no resulta idóneo limitar la libertad de expresión e información por medio de medidas punitivas del derecho penal, pues además de ser las más restrictivas, son inefectivas para atender el impacto colectivo de dicha violencia que reproduce la discriminación en contra de las personas LGBTIQ+ en la sociedad. En realidad, para eliminar todos los impactos de la violencia simbólica, resulta necesario acudir a mecanismos que puedan ordenar responsabilidades ulteriores a los medios y medidas de reparación integral del daño.[7]

En ese sentido, las medidas de satisfacción son esenciales para reconocer la dignidad y honor de las víctimas, así como para sensibilizar a la sociedad sobre violaciones a derechos humanos que suceden en contextos de discriminación. Ejemplos de estas medidas pueden ser la creación de monumentos y campañas nacionales para difundir los derechos de las personas LGBTIQ+.

Asimismo, las garantías de no repetición son necesarias para transformar las prácticas de los medios de comunicación y de sus integrantes. Lo cual se puede lograr por medio de capacitaciones y talleres sobre género y derechos humanos de dicho grupo, o bien, con la creación de manuales o códigos de ética. En conclusión, erradicar la violencia simbólica que ejercen los medios de comunicación es posible a través de revoluciones simbólicas que transformen las creencias y prácticas de sus integrantes, pero que también promuevan la memoria colectiva en la sociedad y la dignidad de las personas LGBTIQ+ víctimas de violaciones a derechos humanos.


[1] Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho, UNAM. Correo: taniagk98@gmail.com

[2]  Carta Mundial de Ética para Periodistas, principios 8 y 9.

[3] Cfr. Bourdieu, Pierre, Poder, derecho y clases sociales, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2000, p. 141 y Bourdieu, Pierre, La dominación masculina, Barcelona, Editorial Anagrama, 2000.p. 5. 

[4] Cfr. Delta, Grecia, et.al., Guía sobre temática LGBTI para periodistas y medios de comunicación, Lima, PROMSEX, 2018, p. 22

[5] Cfr. Agencia Presentes, “Ocial Baena: por qué es falso hablar de “crimen pasional”, disponible en línea: https://agenciapresentes.org/2023/11/17/ociel-baena-por-que-es-falso-hablar-de-crimen-pasional/

[6] Cfr. Maffia, Diana y Moretti, Celeste, Medios de comunicación y violencia simbólica, Buenos Aires, Observatorio de Justicia y Género en el Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires, 2005, p. 1

[7] Cfr. Chorny Elizalde, Vladimir Alexei, et. al, Moderación de contenidos desde una perspectiva interamericana, Ciudad de México, Al Sur, 2022, p. 14.