Santos M. Ruesga, Laura Pérez Ortiz y Marta Cebollada Gay (coords.), Diálogos sobre economía, precariedad laboral, informalidad y mujer. Políticas de cuidados, Universidad Autónoma de Madrid, Instituto Belisario Domínguez, México, 2022, 202 p.
Diálogos sobre economía, precariedad laboral, informalidad y mujer. Políticas de cuidados, es una obra rigurosa y multidisciplinaria para comprender el desarrollo económico en América Latina. El libro no se limita a un diagnóstico, es también una llamada a la acción; a través de nueve capítulos, los autores entrelazan el análisis macroeconómico con estudios de caso concretos, evaluaciones de política pública y una mirada profundamente humana sobre los sectores más vulnerables en el mercado de trabajo.
El libro se organiza en torno a tres ejes principales; precariedad laboral, informalidad y políticas de cuidados, cada capítulo está escrito por diferentes autores, lo que enriquece el contenido con diversas perspectivas y enfoques metodológicos, busca analizar cómo estos fenómenos afectan a las mujeres y proponer políticas públicas para mejorar su situación.
La recopilación ofrece una gran calidad académica e interdisciplinaria gracias a sus autores y los diferentes enfoques que se agregan, ya que sitúa al lector en diversos contextos, todos igual de importantes, con la misma necesidad de atención y resolución, a través de diferentes líneas de investigación. Los editores Santos M.Ruesga, Laura Pérez Ortiz y Marta Cebollada Gay han logrado una cohesión temática y conceptual a pesar de la diversidad de autores.
América Latina no se caracteriza por sistemas robustos de bienestar socioeconómico, laboral o sanitario; por el contrario, la imagen predominante es la de la vulnerabilidad, la falta de reconocimiento y la ausencia de dignificación del trabajo para amplios sectores de la sociedad.
La informalidad laboral no es un fenómeno nuevo, es una característica estructural y persistente de las economías que afecta a más del 50% de la población ocupada en muchos países. La mayoría de los trabajadores carece de acceso a derechos laborales básicos y en ocasiones desconocen la existencia de los mismos.
El caso particular que se presenta en las mujeres, es que además de colaborar en mercados laborales segmentados y precarios, también cargan desproporcionadamente con el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados en sus hogares. Muchas veces marcado por una interseccionalidad que las muestra en un marco de completa desigualdad y vulnerabilidad, generando un ciclo de desventaja que limita sus oportunidades económicas.
Los bajos salarios y la inflación son algunos de los principales factores por los que se multiplican los empleos informales y precarios como respuestas a una precariedad estructural, en donde se buscan estrategias de supervivencia como el pluriempleo para cubrir necesidades básicas.
El libro argumenta que la solución requiere de leyes y políticas públicas focalizadas en los grupos más desfavorecidos, como las trabajadoras del hogar y de cuidados, sectores en donde es fundamental investigar a profundidad las características de estas poblaciones para diseñar medidas adaptadas a su realidad.
El objetivo central de los gobiernos debe centrarse en dignificar las labores y mejorar sus condiciones, por medio de la formalización laboral, la perspectiva de género y el acceso a la seguridad social; reconociendo que el trabajo decente es la base del bienestar social y económico. No puede haber ciudadanos de primera con derechos y ciudadanos de segunda sin ellos.
El primer capítulo titulado “Informalidad y empleo en América Latina” escrito por Santos M. Ruesga y Laura Pérez Ortiz, funciona perfectamente como una introducción que establece el marco conceptual y empírico del libro. Ambos autores
realizan un análisis macro comparativo de la informalidad en América Latina, mientras establecen que la política económica busca fórmulas para su erradicación, independientemente de la economía que predomine en su territorio, es decir; aunque cuenten con una economía avanzada, emergente o atrasada.
Muestran una realidad en cuanto al crecimiento económico y la informalidad del empleo en el mundo, evidenciando que la informalidad no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de subdesarrollo institucional y económico.
Los autores recomiendan políticas específicas para erradicar la informalidad y crear empleos decentes, inclusivos y sostenibles a partir de indicadores de desarrollo como el PIB per cápita, el gasto público, el capital humano y la sofisticación tecnológica.
“Formalizar la informalidad en Latinoamérica” requiere un enfoque integral que transforme la estructura productiva y fortalezca las instituciones, yendo más allá de medidas fiscales o laborales aisladas. Se deben considerar factores como la pobreza, la exclusión social, el nivel de gasto público, entre otros.
El segundo capítulo “Reestructuración del mercado laboral en la pandemia: informalidad y teletrabajo en México” escrito por Clemente Ruiz Durán y Fernando Acosta Chávez; marca como la pandemia y la introducción de plataformas digitales impulsaron un nuevo modo de prestar servicios, de igual manera dejó al descubierto una gran laguna en la legislación mexicana.
El confinamiento obligó a los establecimientos a cerrar sus puertas, o a modificar su organización en la realización de las tareas; de tal forma que las personas buscaron otros medios para seguir teniendo solvencia económica.
De esta manera se potencializa el teletrabajo, tanto en el comercio informal como en los trabajos formales. El capítulo advierte sobre el riesgo sustantivo de la economía digital y el trabajo a distancia (home office), ya que se establece la necesidad de una reglamentación precisa.
Respecto al análisis de los “Efectos de las políticas de formalización sobre el empleo en México, 2012-2018” de Cristina Linares Pavón y Jesuswaldo Martínez Soria, se establece una evaluación en las políticas públicas por medio de modelos probit y Heckman, con datos de la ENOE y el IMSS.
Se plantea que la disminución de la informalidad pudo haber estado asociada a las medidas de política pública que implementó el gobierno mexicano con las que se buscaba regular la evasión fiscal y dotar de seguridad social a todos y cada uno de los trabajadores.
Las reformas laboral (2012) y fiscal (2013), buscaban acabar con la informalidad laboral, generada por factores económicos asociados a la evolución del ciclo de crecimiento y a la estructura del mercado de trabajo.
El capítulo es una crítica fundamental a las políticas basadas sólo en incentivos, sugiriendo que su diseño o implementación fueron insuficientes, ya que la informalidad resulta de un modelo de exclusión en el mercado formal mucho más complejo de lo que se ha planteado.
En el capítulo, “Informalidad laboral en Brasil: análisis de diferentes definiciones y tendencias recientes” las autoras Valéria Pero, Danielle Carusi Machado y Adriana Fontes, muestran la heterogeneidad y complejidad de medir la informalidad.
En Brasil la informalidad es definida como la falta de cumplimiento en materia de contratos laborales, trabajadores sin protección relacionada al empleo, derivado del incumplimiento de la empresa o trabajadores autónomos sin contratos formales.
En Brasil, a pesar de contar con un marco legislativo laboral bien definido, persiste una brecha significativa entre la normativa y la realidad del mercado de trabajo. La población ocupada se distribuye principalmente entre tres categorías: el empleo formal con contrato registrado (que goza de plenos derechos laborales), el empleo sin contrato formal (donde el trabajador es asalariado pero carece de protección legal) y el trabajo por cuenta propia. La alta incidencia de las dos últimas categorías demuestra que la existencia de leyes no garantiza por sí misma la registración del empleo, reflejando la profundidad estructural de la informalidad en el país.
Este capítulo enriquece su fundamentación a través de los Planes Nacionales de Adaptación (PNAD), demostrando que la tasa de informalidad en Brasil varía drásticamente según la definición: 46.8% por posición ocupacional, del 35.7% por falta de protección social y del 22.1% por falta de registro legal de la empresa. Destacan la extrema vulnerabilidad de los trabajadores por cuenta propia durante las crisis económicas, ya que sus ingresos dependen directamente de la demanda.
Marta Cebollada Gay en su texto “Situación del trabajo del hogar remunerado en México” describe un sector con una informalidad de facto del 98%, salarios miserables, una absoluta desprotección que afecta principalmente a las mujeres, ya que son ellas las que se desenvuelven mayoritariamente en estos empleos. Advierte que las malas condiciones laborales no se deben a la incapacidad económica de los empleadores, sino es más bien por un tema que responde a una cultura de informalidad y discriminación, principalmente porque el trabajo en el hogar no es considerado como tal “un trabajo”.
En México están contemplados dos tipos de modalidades referentes a los trabajadores del hogar, existen los trabajadores de planta y los trabajadores de entrada por salida, aún así son uno de los sectores en donde se visibiliza una alta informalidad, ya que al realizarse al interior de una vivienda privada, existen impedimentos para su fiscalización.
A pesar de ser una actividad económica que se realiza de forma regular su inscripción en la seguridad social se considera como “voluntaria” en lugar de ser obligatoria; es por eso que en tiempos de pandemia fueron uno de los sectores más afectados debido principalmente a la pérdida masiva de empleos y la exposición constante a situaciones con riesgo.
El capítulo “El cuidado no profesional en España, entre el trabajo no remunerado y el remunerado” de la autora Cristina García Sainz señala que “el cuidado no profesional” se encuentra justo en el medio del trabajo doméstico y el trabajo de cuidado remunerado, este último es el que se realiza principalmente en centros escolares y centros asistenciales de mayores.
Esta denominación presenta ambigüedades e irregularidades, ya que el sistema de cuidados, a pesar de la Ley de Dependencia, sigue sostenido principalmente por esquemas familiares no profesionales y, crecientemente, por mujeres migrantes en situación irregular. La autora argumenta que los legisladores deben priorizar en la agenda política la conciliación, la corresponsabilidad, la garantía de condiciones dignas y la defensa de los derechos laborales.
Por su parte, el capítulo “Informal, infravalorado e inestable: el empleo de hogar y cuidados entre crisis” ofrece una panorámica del sector del empleo de hogar y cuidados en España en un periodo marcado por las crisis, tanto la Gran Recesión de 2008 como la Crisis de la COVID-19.1
Paloma Moré y Raquel Martínez-Buján en el capítulo en comento, nos ofrecen una investigación cuantitativa y cualitativa que evidencia la transformación del sector de cuidados en España en los años 2008 y 2020.
También abordan la migración como uno de los factores que orilla a que sean mujeres provenientes de América Latina en una situación migratoria irregular quienes desarrollan tareas de cuidado; encontrándose en un estado claro de interseccionalidad.
Estos roles de género que se acompañan de diferentes estereotipos y estigmas, propician una visible división binaria, abordada de manera más notoria en el capítulo “Los cuidados en pandemia: un sector en crisis que sostiene la vida” de María Leonela Artavia-Jiménez, Fabiola Quirós Segura y Shirley Benavides Vindas, evidenciando la existencia de las divisiones creadas a partir de la facultad con la que cuenta una mujer de crear vida y tomando el rol de cuidadora.
La esfera productiva y la reproductiva a menudo juega un papel muy importante en el ejercicio del derecho del trabajo, en el que existen desigualdades sociales que inician por el género con el que se identifica la persona, y por la idea de que las personas que deberían realizar los cuidados son exclusivamente las mujeres.
Durante la crisis sanitaria, se recargó en las mujeres, el trabajo de cuidado, visibilizando su crucial importancia, aunque al mismo tiempo profundizó su precarización en la gran pérdida de empleos a lo largo de la pandemia.
Las autoras abogan por políticas públicas que revalorizan estas labores y redimensionan la visión reproductiva para procurar equidad y justicia social.
Esta línea es similar a la abordada en el capítulo “Entre la producción y la reproducción social: estructura de clases, informalidad y tareas de cuidado en la Argentina contemporánea". El impacto de la pandemia COVID-19” escrito por Jésica Lorena Pla, reflejando una situación similar en Argentina, en donde analiza la distribución desigual en las tareas de cuidado.
Este capítulo cierra el libro con un análisis cuantitativo robusto que confirma empíricamente la desigual distribución de las tareas de cuidado por género y clase social. Demuestra que, incluso en parejas donde ambos trabajan, las mujeres realizan las tareas más demandantes y de mayor carga horaria.
Por nuestra parte, consideramos que la pandemia no hizo más que exacerbar esta desigualdad preexistente. La autora concluye que es imperativo tratar la "tríada informalidad-género-labores de cuidado" con leyes que regulen los cuidados con perspectiva de género y que pasan inevitablemente por la formalización laboral. Siendo consciente del desafío epistémico, metodológico y político que requiere repensar campos de las ciencias sociales que históricamente se han analizado de manera escindida al replicar la división social y sexual del trabajo entre la esfera productiva y la esfera reproductiva.
La obra logra una cohesión notable al entrelazar una serie de ejes analíticos a lo largo de todos los capítulos, con una construcción coherente tomando en cuenta a la informalidad como fenómeno estructural y multidimensional, en la que apreciamos factores como los bajos niveles de productividad, los mínimos esfuerzos institucionales y sistemas tributarios regresivos.
La informalidad no es solo una estadística o una figura doctrinaria; es el sinónimo de la vulnerabilidad, exclusión social y pobreza, en la que se niegan derechos fundamentales que se intensifica al cruzar el género con la clase social, la condición migratoria y la etnia. La desvalorización social del trabajo asociado a lo "femenino" es clave para entender la persistencia de la informalidad en estos sectores.
El confinamiento ha hecho visible la necesidad de un trabajo digno, después de superada la pandemia de COVID-19 aún se cuenta con políticas insuficientes, desarticuladas o mal diseñadas. La informalidad resultó ser el síntoma de un modelo de desarrollo que ha fracasado en distribuir beneficios, garantizar derechos básicos y reconocer el valor de los trabajos de cuidado.
El libro Diálogos sobre socioeconomía trasciende el diagnóstico para realizar aportes sustanciales y originales al debate académico y de políticas públicas. La obra no se limita a un solo enfoque. Combina análisis macroeconómico comparativo, evaluación econométrica de políticas públicas, estadística descriptiva de tendencias laborales, perspectivas cualitativas y de economía feminista. Esta triangulación enriquece el análisis y ofrece una visión multidimensional del problema.
Proporciona datos actualizados hasta los primeros años de la pandemia (2020-2021), llenando un vacío crucial en la literatura sobre el impacto inmediato de la crisis sanitaria en los mercados laborales informales, especialmente en México y Brasil, demuestra cómo se retroalimentan en un ciclo vicioso de precariedad y exclusión.
La obra busca ir más allá de la crítica para analizar los obstáculos específicos en la implementación de políticas, convirtiéndose así en una herramienta de incidencia.
Desplaza la visión de la informalidad como un "sector" separado o una elección individual, para presentarla como el resultado de fallas estructurales en el modelo de desarrollo, la debilidad institucional y la segregación sexual del mercado laboral, lo cual redefine el problema y, por tanto, las posibles soluciones.



